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La transformación de la basura eléctrónica en materia prima de alto valor

El Investigador Científico de CENIM, Carlos Capdevila, habla sobre el arte de transformar componentes electrónicos obsoletos en materias primas de alto valor

En un mundo que se enfrenta al cambio climático y a la explotación sin control de recursos finitos para fabricar tecnología, utilizar las técnicas metalúrgicas para reciclar las piezas de los aparatos viejos se ha convertido en una gran oportunidad. En CENIM (Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas) existen grupos como TecnoEco, donde se trabaja en desarrollar procesos para rescatar materias primas esenciales de objetos usados y transformar sus residuos en recursos para las industrias. El investigador científico Carlos Capdevila enseña que lo que se suele llamar “basura electrónica” es, en realidad, una fuente de materiales valiosos necesarios para un futuro más limpio.

¿Cómo se lleva a cabo el proceso de reciclaje de metales procedentes de residuos electrónicos?

El reciclaje de metales procedentes de residuos electrónicos (RAEE, Waste Electrical and Electronic Equipment, WEEE en inglés) es un proceso multietapa que combina operaciones físicas y metalúrgicas. Primero, los residuos se recogen, clasifican y desmontan para separar componentes valiosos y peligrosos. A continuación, se someten a trituración y a técnicas de separación (magnética, corrientes de Foucault y densimétrica) para concentrar los metales. Posteriormente, se aplican procesos pirometalúrgicos, donde los materiales se funden y los metales se separan de las escorias. De forma complementaria, los procesos hidrometalúrgicos permiten extraer metales de manera selectiva mediante lixiviación y purificación química. Tecnologías emergentes, como la biohidrometalurgia, buscan mejorar la sostenibilidad del proceso. Finalmente, los metales recuperados se refinan hasta alcanzar alta pureza. Todo el sistema es clave para la economía circular, ya que permite recuperar materiales estratégicos y reducir la dependencia de recursos primarios.

¿Qué dificultades existen en la recuperación de metales a partir de dispositivos electrónicos desechados?

La recuperación de metales de RAEE presenta múltiples dificultades de naturaleza física, química y sistémica. En primer lugar, la alta complejidad composicional (mezclas multielementales con Cu, Sn, Ni, REEs, Au, polímeros y cerámicos) dificulta la separación eficiente. Además, existe una gran heterogeneidad y miniaturización, con componentes muy finos y fuertemente integrados que complican la liberación de fases. La presencia de elementos traza y aleaciones complejas (incluidos “tramp elements”) penaliza la selectividad de los procesos. También hay materiales peligrosos (Pb, Hg y retardantes de llama) que requieren un tratamiento seguro. Desde el punto de vista metalúrgico, los procesos pirometalúrgicos son intensivos en energía y poco selectivos, mientras que los hidrometalúrgicos implican una gestión compleja de reactivos y efluentes. A esto se suma la variabilidad del feedstock, que dificulta la estandarización industrial. Finalmente, los costes logísticos y de recogida, junto con limitaciones regulatorias y de mercado, condicionan la viabilidad económica global del reciclaje.

¿Qué impacto tiene el reciclaje de metales electrónicos en la reducción de la contaminación ambiental?

El reciclaje de metales procedentes de RAEE tiene un impacto ambiental muy significativo. En primer lugar, reduce la necesidad de minería primaria, evitando la degradación de suelos, el consumo de agua y las emisiones asociadas a la extracción. Además, permite disminuir las emisiones de CO₂, ya que producir metales reciclados suele requerir mucha menos energía que hacerlo a partir de mineral. También evita la liberación de sustancias tóxicas (Pb, Hg, Cd y retardantes de llama) al medio ambiente cuando los residuos se gestionan adecuadamente. Contribuye a reducir la contaminación de suelos y aguas, especialmente en vertederos no controlados. Favorece la economía circular, manteniendo materiales críticos en uso y reduciendo residuos. Asimismo, disminuye la presión sobre recursos naturales escasos como los metales críticos. A escala global, mejora la eficiencia del sistema material y reduce la huella ambiental de la electrónica. No obstante, su impacto positivo depende de aplicar tecnologías limpias y una gestión adecuada de los procesos.

¿Por qué es importante recuperar metales valiosos de los residuos tecnológicos?

Recuperar metales valiosos de los residuos tecnológicos es clave por razones económicas, estratégicas y ambientales. En primer lugar, permite reaprovechar recursos escasos como Au, Ag, Pd, Co o tierras raras, reduciendo la dependencia de la minería primaria. Además, mejora la seguridad de suministro de materias críticas para sectores como energía, movilidad eléctrica o electrónica avanzada. Desde el punto de vista económico, convierte residuos en fuentes de alto valor añadido. También reduce el impacto ambiental, al disminuir emisiones y daños asociados a la extracción minera. Favorece la economía circular, manteniendo los materiales en uso el mayor tiempo posible. A nivel tecnológico, posibilita el desarrollo de nuevas cadenas de valor basadas en reciclaje avanzado. Asimismo, ayuda a gestionar de forma segura residuos potencialmente peligrosos. En conjunto, es un elemento esencial para una industria sostenible, resiliente y descarbonizada.

¿Qué consecuencias ambientales puede tener la gestión inadecuada de residuos electrónicos metálicos?

La gestión inadecuada de residuos electrónicos metálicos puede provocar graves impactos ambientales y sanitarios. En primer lugar, la liberación de metales pesados como Pb, Hg o Cd puede contaminar suelos y aguas subterráneas, afectando a los ecosistemas y a las cadenas tróficas. La quema informal de residuos genera emisiones tóxicas (dioxinas y furanos) que deterioran la calidad del aire. Además, la lixiviación de compuestos peligrosos en vertederos no controlados contribuye a la toxicidad ambiental persistente. Se produce también una pérdida irreversible de recursos valiosos, aumentando la presión sobre la minería primaria. La exposición humana a estos contaminantes puede causar problemas neurológicos, respiratorios y cáncer. Asimismo, se favorece la degradación de hábitats y biodiversidad. A escala global, se incrementa la huella ambiental del sistema tecnológico. En conjunto, supone un riesgo significativo para la salud pública y la sostenibilidad.

¿Qué tipos de metales se pueden recuperar de los dispositivos electrónicos más comunes?

De los dispositivos electrónicos comunes se pueden recuperar varios tipos de metales. En primer lugar, metales base como hierro (Fe), aluminio (Al) y cobre (Cu), ampliamente presentes en estructuras y cables. También metales preciosos como oro (Au), plata (Ag) y paladio (Pd), especialmente en placas de circuito impreso. Además, metales críticos como cobalto (Co), litio (Li), níquel (Ni) y tierras raras (REEs), clave en baterías y componentes electrónicos. Asimismo, aparecen metales de aleación y recubrimiento como estaño (Sn) o zinc (Zn). Todos ellos tienen alto valor estratégico y económico.

¿Para qué se utilizan los metales recuperados de los residuos electrónicos tras su reciclaje?

Los metales recuperados de residuos electrónicos se reutilizan en múltiples sectores industriales. El cobre, aluminio y hierro se emplean de nuevo en cables, estructuras y componentes eléctricos. Los metales preciosos como oro, plata y paladio se utilizan en nuevos circuitos electrónicos por su alta conductividad y resistencia a la corrosión. Metales críticos como litio, cobalto y níquel se destinan a la fabricación de baterías para vehículos eléctricos y dispositivos portátiles. Las tierras raras se emplean en imanes permanentes para motores y tecnologías renovables (como la eólica). También se reutilizan en aleaciones avanzadas para automoción y aeronáutica. En conjunto, estos materiales permiten cerrar el ciclo productivo, reducir costes y avanzar hacia una economía circular y descarbonizada.

¿Cómo influye el reciclaje de metales en la reducción del uso de recursos naturales?

El reciclaje de metales reduce de forma directa la dependencia de recursos naturales primarios. Al reutilizar materiales ya extraídos, disminuye la necesidad de explotación minera, evitando la apertura de nuevas minas y la degradación de ecosistemas. Además, reduce el consumo de energía, ya que producir metales reciclados requiere significativamente menos energía que hacerlo a partir de mineral. Esto implica también una menor emisión de CO₂ y otros contaminantes asociados. El reciclaje contribuye a conservar recursos finitos, especialmente en el caso de metales críticos como Co, Li o tierras raras. Asimismo, reduce el volumen de residuos enviados a vertederos. Favorece una gestión más eficiente del ciclo de materiales, prolongando su vida útil en la economía. También disminuye el consumo de agua y reactivos utilizados en minería y metalurgia primaria. Desde un punto de vista estratégico, mejora la autonomía en el suministro de materias primas. En conjunto, es un pilar fundamental para una economía circular y sostenible.

¿Qué riesgos para la salud y el medio ambiente están asociados a los residuos electrónicos mal gestionados?

Los residuos electrónicos mal gestionados liberan metales pesados y compuestos tóxicos (Pb, Hg, Cd y retardantes de llama), que contaminan suelos y aguas. La quema informal genera emisiones peligrosas (dioxinas y furanos) que afectan a la calidad del aire. La exposición humana puede provocar daños neurológicos, respiratorios y cáncer. Además, la lixiviación en vertederos no controlados causa toxicidad persistente en los ecosistemas. También se produce bioacumulación en la cadena alimentaria, afectando a la fauna y a la salud humana.

¿Cómo contribuye la recuperación de metales a la economía circular en el sector tecnológico?

La recuperación de metales a partir de residuos electrónicos es un pilar clave de la economía circular en el sector tecnológico. Permite reintroducir materiales valiosos (Cu, Al, Au, Co y REE) en la cadena productiva, reduciendo la dependencia de recursos primarios. Esto favorece el cierre del ciclo de materiales, manteniéndolos en uso el mayor tiempo posible. Además, impulsa modelos de producción más eficientes, donde los residuos se convierten en materia prima secundaria. Contribuye a disminuir la huella de carbono y el consumo energético frente a la metalurgia primaria. También incentiva el ecodiseño, promoviendo dispositivos más fáciles de desmontar, reparar y reciclar. Desde el punto de vista industrial, fomenta nuevas cadenas de valor y modelos de negocio basados en el reciclaje avanzado. Mejora la seguridad de suministro de materias críticas para tecnologías digitales y energéticas. Asimismo, reduce la generación de residuos y su impacto ambiental. A nivel sistémico, integra reciclaje, innovación y sostenibilidad en el sector tecnológico. En conjunto, permite avanzar hacia un modelo más resiliente, eficiente y descarbonizado.